|
|
|
Desocupación, género y desigualdades
Lic. Olga Pelayes* Introducción Este trabajo
forma parte del Proyecto de Investigación “Crisis de la cotidianidad.
Relaciones sociales y estrategias conductuales. El caso de Villa Mercedes.” Su
actividad comenzó en el año 1998 y está financiado por la Secretaría de Ciencia
y Técnica de la Universidad Nacional de San Luis. Posee dos líneas y el
análisis que se presenta corresponde a la Línea “Un peldaño hacia la exclusión:
la exclusión social a partir del despido conflictivo[1]
en la relación laboral.” Esta línea comienza su desarrollo a partir del año ’98
y se encuentra en la etapa de análisis de las entrevistas. El marco
teórico del que partimos es la
reestructuración capitalista de la década del ’70, que en los ’80 hace su
impronta como “globalización” o transnacionalización del capital y las
repercusiones de las nuevas formas de organización del trabajo en el
empleo/desempleo.
La
globalización no es integración, sino producción transnacionalizada, y
comprende relaciones de diferenciación y jerarquización, por lo que produce
exclusión, fragmentación y polarización económico-social.
La
crisis del modelo de acumulación, basado en la producción fordista, caracterizado por la producción en serie, fragmentada y
masiva, que en conjunto con el abaratamiento de costos y el pleno empleo
produjo el consumo masivo, llevó a la reestructuración capitalista que plantea
un cambio en la estructura económica mundial. Esta ha sido producto de un
cambio sustancial en las relaciones de producción y en la revolución de las
fuerzas productivas que ocasionó la
Tercera revolución industrial, expresada en las nuevas formas de organización
del trabajo y de obtención de plusvalía. El uso de la tecnología combinado con
nuevas formas de gerenciamiento ha permitido la producción simultánea y en
pequeña escala de productos diferenciados y de calidad, generando un paradigma
de producción flexible basado en la polivalencia y multifuncionalidad del
trabajador, que permite la reducción de personal y el consumo
diferenciado.
Se
ha generado, entonces, una reestructuración del proceso productivo, que en
nuestro país, trae aparejada una serie de problemáticas socioeconómicas, que se
traducen en la flexibilización de los salarios, de las prácticas laborales y de
los mercados de trabajo, lo que va llevando de la formalización del trabajo a
la infomalización del mismo, que unido a la desregulación significa la mínima
existencia de leyes que garanticen derechos. De esta manera, los cambios en el mercado de trabajo cuyos
datos más cruciales son el desempleo, la informalidad, la precariedad y la
caída de las remuneraciones colocan a un creciente sector de argentinos en una
situación de alta vulnerabilidad. En síntesis, la nueva reestructuración capitalista ha provocado
en las sociedades contemporáneas profundas mutaciones que afectan prácticamente
todos los ámbitos de la vida. No podemos ignorar los impactos traumáticos que
causan cuestiones como los nuevos paradigmas técnico-económicos, las nuevas
formas de organización del empleo, el desempleo masivo y la precariedad
laboral, la diversificación de las estructuras familiares, las modificaciones
en los sistemas de valores y en los comportamientos individuales y colectivos,
los cambios en los sistemas de representación social y política. Estas
transformaciones del conjunto del sistema social ha llevado a la transformación
en los sistemas de distribución del poder y de las relaciones de autonomía y
dependencia entre las clases sociales. Desde esta perspectiva no podemos acercarnos al problema del
desempleo como si fuera simplemente la expresión de un corte coyuntural y
reversible por el ciclo económico, sino que la crisis actual expresa una
ruptura que afecta no sólo a la sociedad toda sino a los vínculos intrasociales.
Esta ruptura ha significado que a las desigualdades estructurales se sume, como
las denomina Rosanvallón “las desigualdades dinámicas” que son ante todo
“intracategoriales”. De esta manera situaciones diferentes con respecto al
empleo o desempleo, dentro de una misma categoría, pueden generar desigualdades
considerables en términos de ingreso y patrimonio. (Rosanvallón y Fotoussi-
1997) Esta fuerte fragmentación irradia un listado interminable de
problemáticas, pertinentes y relevantes de estudiar y desarrollar. LOS CASOS
La
estrategia metodológica adoptada en nuestro estudio fue cualitativa y el
objetivo exploratorio, siendo la principal fuente de información la guía de
entrevistas no estructuradas, realizadas al trabajador despedido.[2]
A pesar de que las entrevistas fueron realizadas a hombres y mujeres, en este
primer análisis preferimos trabajar con dos casos de mujeres e introducir en el
análisis la categoría género, porque son ellas las más desprotegidas
socialmente, no sólo en cuanto a su inserción laboral sino también las más vulnerables en el proceso hacia la
exclusión económico-social, sobre todo si son jefas de hogar.
A
partir de leer y releer las entrevistas, me pareció significativo seleccionar y
contrastar dos casos en que las situaciones de vida permiten la construcción de
relaciones de género distintas, marcadas, además, por las desigualdades dinámicas, como las denominan
Rosanvallon y Fitoussi (1997).
Para
el análisis se han tenido en cuenta categorías que permitan mostrar cómo en
ambos casos, dos mujeres pertenecientes a la misma clase social, situaciones
coyunturales diferentes han llevado a resolver la situación de despido de
distinta manera, incluso produciendo en uno de los casos, el paso de una zona
de vulnerabilidad económica y social a una situación de exclusión económica y
social.
Los
casos seleccionados son los de Ana y
Nora. Ana tiene 25 años, es casada, con un
hijo de 4 años y espera el segundo. Vive con su esposo y su hijo en una casita
construida por ellos. A partir de que fue despedida de la fábrica donde
trabajaba, no ha vuelto a trabajar y por el momento no quiere hacerlo. Su
marido trabaja en una fábrica desde hace seis años. Ella, cobra seguro de
desempleo, aunque solo le restan dos meses para que se le termine.
Su
familia de origen está constituida por los padres y cuatro hermanos más. Y si
bien la escolaridad de su padre es secundario completo, ninguno de sus hermanos
lo terminaron y la menor, ni siquiera lo empezó. Ella dejó cuando cursaba
tercer año por razones económicas. Inició un curso de computación, pero por los
mismos motivos tampoco pudo concluirlo. Al poco tiempo, de haber dejado la
escuela, se juntó con su actual marido. Nora tiene 30 años, es soltera,
vive con su madre, su abuela, 4 hermanos (menores que ella) y con un
nene de 11 años, con problemas de salud, que una jueza se lo dio a cargo “porque la madre era de pocos recursos” y en ese tiempo ella
tenía trabajo seguro. Desde que fue despedida busca trabajo y no encuentra. De los cuatro hermanos, dos de ellos trabajan. La familia de
Nora está constituida por su abuela, su madre y sus hermanos, ella no conoce a
su padre y sus hermanas mayores no se acuerdan de él. Siempre vivieron en la
casa de su abuela. De los ocho hermanos, cuatro poseen estudios secundarios,
los otros sólo primaria. Tres de ellos están casados y viven en otro lado. A ella, que sólo tiene escolaridad
primaria, le hubiera gustado seguir
estudiando pero tuvo que salir a trabajar porque eran muchos hermanos. Su hijo
adoptado, tiene 11 años y está en un grado especial porque tiene un retraso
mental de dos años. Historia laboral y condiciones de vida.
Ana: Comenzó a trabajar a los 18 años “…
porque la posición económica de mi mamá y de mi papá no estaba como para poder
seguir estudiando, así que decidí bueno no estudiar más y trabajar.” “… trabajé en Bagley y ahí estuve seis
meses. Ahí entré por seis meses, porque entré por selectora…” Cuando salió de ahí entró en una fábrica de
cosméticos, su ultimo trabajo. Ahí estuvo 5 años y medio hasta que la
despidieron. “… me dejaron
sin trabajo, y bueno yo quería que me dejaran sin trabajo, porque ya en la
forma en que me pagaban y como estábamos trabajando, no, no estaba para
trabajar. O sea que yo no quería trabajar más.” “… pedían mucho trabajo y tenía que
salir perfecto, … pero ellos pedían perfección y no, no daban garantía de que
nos pagaban eso a nosotros, … lo hacíamos bien pero cuando íbamos a cobrar el
viernes cobrábamos $50 , $70, y a mí por ejemplo no me daban ganas de trabajar,
de hacerlo bien…” “… me querían hacer quedar a hacer hora
extras y yo no ,no, y me decían que me
iban a correr y bueno que me corran…Y bueno en ese momento me dejaron sin
trabajo” “… pedían que la gente se quedara y
bueno la gente se quedaba, yo sinceramente me quedaba cuando …hacía horas
extras, porque así se veían las horas extras pagas, pero después ya no, no me
quedaba, nunca me quedé después, porque no me gustaba, tenía que quedarme y
cuando iba a cobrar no lo veía.” “… obligaban a la gente, la gente como
tenía miedo de que los corrieran, que se yo,
entiendo la situación de mucha gente ahí adentro que no querían que las
dejaran sin trabajo por las familias…” La situación matrimonial de Ana, en ese momento, le permitía poner
límites a la sobre-explotación en resguardo de su dignidad, lo que
evidentemente sus compañeros de trabajo no podían hacer. “… ahora no
creo que vaya a trabajar, pero si tuviera que trabajar después, bueno, trabajo,
no tengo problema, pero ahora en este momento no, porque estoy embarazada…”
Cuando
a Ana la despidieron comenzó a cobrar el fondo de desempleo, con el que siguió
pagando la cuota del auto usado que se habían comprado con su marido “… antes de que me dejaran sin trabajo,
nosotros nos habíamos, nos compramos un autito usado y bueno, me dejaron sin
trabajo a mí y lo seguimos pagando con el fondo de desempleo mío…”“…no nos
perjudicó mucho que me dejaran sin trabajo a mi, por el caso de que yo seguí,
yo cobré el fondo de desempleo…” Nora:
Comenzó
a trabajar cuando terminó la escuela primaria. Tenía 12 años cuando entró en un
mercadito “… a embolsar azúcar, fideos y todas
las cosas sueltas.”
Después
hizo distintos tipos de trabajos informales y precarios antes de entrar en la
fábrica “…en
una verdulería , muy conocida, ahí estuve seis años, después estuve cuidando
una nena, dos años y después estuve trabajando en otra verdulería, un año y
medio, estuve en la verdulería de la estación 8 meses, después en servicio
doméstico, dos años.” “… en negro,
nunca tuve una mutual…”
A
Bagley entró a trabajar a los 18 años, y lo hizo durante 10 años, hasta que la
despidieron. Este fue su mejor trabajo
“…
mejor en el sentido en que teníamos una mutual, teníamos un sueldo y teníamos
varios beneficios.”
“…yo bien no me acuerdo pero eran algo
de trescientos pesos y ticket…” , incluyendo las horas extras
“…y al mes habrán sido cuatroscientos
pesos.”
La
despidieron por problemas de columna, tiene hernia de disco. “Y
yo empecé con el tema de los estudios en enero y a mi me echaron en julio. ..
lo que ellos me decían que yo para la empresa no servía, que era una inútil
para la empresa.”
Estuvo
4 años sin trabajo “… yo me anoto en alguna fábrica y me hacen los estudios y no
puedo entrar… y me da bronca, me da bronca, porque que se yo, uno anda para
todos lados buscando trabajo en un lado en otro y, o sea uno se entusiasma
porque te dicen bueno, y te dan las cosas para que te hagas los estudios y
cuando vas al otro día para ver que te
pasó y te dicen no, porque vos tenés tal y tal cosa…” “…hace tres meses conseguí acá en la
droguería de Mercedes y yo le digo son treinta centavos que a mi me pagan por
cada viaje que hago a cada farmacia llevando remedios…” “… a mi me
hubiera gustado seguir trabajando y
bueno por menos uno siempre quiere progresar en algo…trabajando en fábrica o en
lo que sea, porque para el trabajo no tengo drama, antes quizás no lo tenía,
ahora ya no puedo decir lo mismo, por la enfermedad que tengo ya no puedo decir
lo mismo.” La situación de Nora,
caracterizada por su enfermedad, que se ha convertido en un estigma, y el bajo
nivel educativo alcanzado, sólo le permiten
encontrar empleos precarios y estar sujeta a mayores arbitrariedades por parte de quien la emplea o a lograr
“arreglos” laborales muy informales.
Género y clase social.
La
segregación de roles no impide que las mujeres casadas tengan un trabajo
remunerado, que se realiza siempre que los ingresos resultan necesarios. Sobre
todo en los sectores sociales modestos, en donde los niveles de estudios suelen
ser bajos, las oportunidades educacionales limitadas y los empleos de escasa
cualificación. Se trata de mujeres activas por obligación, que valoran
altamente el rol de amas de casa. No concluyen los estudios e ingresan al
mercado laboral cuando los abandonan y, cuando asumen responsabilidades
familiares y la situación se los permite, no vuelven al empleo.
(Comas D’ Argemir,D.-1995). Este es el
caso de Ana “… me dejaron sin trabajo, y bueno yo
quería que me dejaran sin trabajo, porque ya en la forma en que me pagaban y
como estábamos trabajando, no, no estaba para trabajar. O sea que yo no quería
trabajar más.” “… ahora no creo que vaya a trabajar,
pero si tuviera que trabajar después, bueno, trabajo, no tengo problema, pero
ahora en este momento no, porque estoy embarazada…” “… yo estoy en mi casa hago las tareas de la casa, …y bueno yo
estoy en mi casa con la nena, estoy haciendo lo que tengo que hacer, estar en
mi casa haciendo las tareas de la casa.” “…
ahora hago yo todo en la casa y
bueno él trabaja.”
Históricamente,
la participación laboral femenina ha estado condicionada por la subordinación
del trabajo remunerado a las responsabilidades familiares, y se ha tendido a
considerar que el lugar que prioritariamente le corresponde a la mujer es el
hogar. (Comas D’Argemir-1995). Desde esta perspectiva el trabajo para las
mujeres es una opción, eso Ana lo
dice claramente, y también queda claro que, en el momento del despido su
trabajo era una ayuda: “… antes de
que me dejaran sin trabajo, nosotros nos habíamos, nos compramos un autito
usado y bueno, me dejaron sin trabajo a mí y lo seguimos pagando con el fondo
de desempleo mío…”
El
salario de Ana no era imprescindible para los gastos de la reproducción
familiar. Y pareciera ser que mientras esta situación se mantenga ella está más
cómoda en su posición de ama de casa: “…y bueno cuando él trabaja de mañana , por
ejemplo, yo me levanto tarde (risas), aprovecho que él no está y me levanto
tarde, limpio, hago la comida, llevo a la nena y él llega a las tres y media…”
Indudablemente Ana reproduce los patrones tradicionales con respecto al género,
pero quizás esto tenga que ver con el tipo y condiciones de trabajo: “… y bueno yo
sentía lo que veo que está pasando ahora, que dejaron a toda esa gente afuera,
no les daban respuesta… entonces yo me veía venir muy fea la situación de la
fábrica, por eso era que quería que me dejaran sin trabajo.”
Un
trabajo de poca cualificación, rutinario y mal pago es fácil descartarlo si la
situación económica lo permite y se valora el rol femenino tradicional. Generalmente las mujeres de los grupos
sociales más modestos prefieren abandonar este tipo de ocupaciones cuando
asumen responsabilidades familiares. En este caso se subordina el trabajo
remunerado a las responsabilidades familiares. Pero, la importancia otorgada al
hogar no deja de estar influida, también, por la necesidad de tener
una mayor autonomía , y esto Ana lo
expresa cuando se arrepiente de no haber podido concluir con sus estudios de
corte y confección: “… por ahí
pienso y digo, me hubiese, tendría que haber terminado, me hubiese gustado
seguir… yo estudiaba corte y confección,
por ahí para poder trabajar en mi casa por ejemplo, trabajar en la
costura en mi casa, si me hubiese gustado… porque creo que uno hace las cosas
en su momento y a su gusto y nadie lo está mandando, ni diciendo lo que hay que
hacer.” Para ella
estar en el hogar y atender sus necesidades es la mejor situación posible.
Seguramente, la relación existente entre nivel de estudios y tipo de
ocupaciones a las que se accede
determinan también las actitudes de las mujeres hacia el empleo. Pero el
de Ana, no es el caso de Nora.
Hay,
también, muchas mujeres para quienes el trabajo es un imperativo, pero que en
el mercado de trabajo son tratadas como trabajadores secundarios. Hay mujeres,
sobre todo cuando son jefas de hogar u ocupan un rol semejante, el trabajar
como asalariada deja de ser una cuestión voluntaria u optativa y se convierte
en una necesidad económica. Nora
dice:
“…
incluso yo tuve la guarda de mis hermanos menores que yo, me pagaban el
salario, tenía mutual para ellos y tenía a mi mamá a cargo que tenía la mutual
para ella, beneficios tuve bastantes…”
Pero
a la heterogeneidad de situaciones y de trabajadoras, se agrega la gran
inestabilidad y descualificación de los
empleos y la discriminación abierta,
que en el caso de Nora, ésta última
se da por su enfermedad, que se convierte en el motivo de su despido. “…y yo empecé con el tema de los estudios en
enero y a mi me echaron en julio. .. lo que ellos me decían que yo para la
empresa no servía, que era una inútil para la empresa.” ,
como
la padece para conseguir empleo nuevamente “… yo me anoto
en alguna fábrica y me hacen los estudios y no puedo entrar… y me da bronca, me
da bronca, porque que se yo, uno anda para todos lados buscando trabajo en un
lado en otro y, o sea uno se entusiasma porque te dicen bueno, y te dan las
cosas para que te hagas los estudios y cuando vas al otro día para ver que te pasó y te dicen no, porque
vos tenés tal y tal cosa…” Esto no sólo genera angustia y frustración,
sino también sentimientos de culpabilidad. “… a mi me hubiera gustado seguir trabajando y bueno por menos uno siempre
quiere progresar en algo…trabajando en fábrica o en lo que sea, porque para el
trabajo no tengo drama, antes quizás no lo tenía, ahora ya no puedo decir lo
mismo, por la enfermedad que tengo ya no puedo decir lo mismo.”
La
comparación de ambos casos muestra que el trabajo remunerado, posee
significados y valores muy diferentes en la vida de las mujeres, no sólo por
como fueron construyendo sus identidades según la historia de vida sino también
según la situación económico-social que les toca vivir. Pero también que los
problemas de marginación ponen al desnudo los pocos grados de libertad y
autonomía, el desamparo y las limitadas opciones que poseen sobre todo las
mujeres de los estratos sociales bajos. Desempleo y vulnerabilidad
El
concepto de “vulnerabilidad” alude, en términos generales, a una situación
parcial de inclusión, en cualquiera de las esferas económica, social, cultural
y política lo que implica riesgos e inseguridad a futuro (Castel, 1998,
Minujin, 1998) o acumulación de desventajas (Kessler y Golbert, 1996). La
vulnerabilidad puede llevar a la exclusión, pero no necesariamente, en algunos
casos las dificultades se potencian y agravan el proceso de caída y o puede
significar diversas formas de vulnerabilidad, lo que muestra el dinamismo de
esta condición.(Gómez-Isorni-Saber, 2000)
La
desigualdad de condiciones, actual, entre Ana
y Nora no oculta el hecho de que
ambas , debido a su empleo, su escolaridad e historia de vida familiar han
estado o están dentro de lo que Bustelo y Minujin denominan una zona de vulnerabilidad económica, en la cual
los individuos viven una situación de muy poca estabilidad y con tendencia a caer en la zona de exclusión económica,
caracterizada por trabajadores semicalificados o no calificados.
El
paso de una zona a otra dependen de una serie de condiciones que van desde los
niveles de educación, el punto del ciclo vital en el que se encuentran la
familia o los individuos, hasta aspectos relacionados con el carácter o la
suerte. La vulnerabilidad o exclusión económica está estrechamente vinculada a
la vulnerabilidad o exclusión social, pero el pasaje de un tipo a otro no es
automático ni lineal.
En
el caso de Ana, casada con una hija
y embarazada, su marido trabaja en una fábrica metalúrgica desde hace seis
años, aunque antes de este período en la misma fábrica lo habían dejado sin
trabajo
“…él
hace seis años y medio que está en esa fábrica… o sea lo han dejado afuera pero
lo han vuelto a llamar y sí contando,
descontado ese tiempo hace seis años y medios… en la misma fábrica, primero
estuvo casi un años, después estuvo casi seis meses sin trabajo y lo volvieron
a llamar… porque no había trabajo, no había producción, entonces tenían que
dejar gente afuera…”
“…
él hacía changas de pintura albañilería, así, mientras cobró el fondo de
desempleo.”
“…
yo trabajaba y bueno él hacía las changas y yo trabajaba en la fábrica.”
Ahora, ella sostiene que a pesar de su despido están bien. No trabaja en negro y
posee obra social.
“…
no es que no necesite, pero estamos bien y bueno mi marido trabaja y él si hay
horas extras las hace, él no tiene problemas por el trabajo, el cuida al
trabajo como cuida a su familia…”.
“…
el debe estar ganando entre $520 o $550 por mes.”
“…
Ahora por ejemplo estamos usando la mutual de él… es muy buena la obra social,
tiene muchos, muchos beneficios..."
Cabría
preguntarse, a pesar de este estar bien,
que tiene que ver posiblemente con el ciclo familiar actual, qué podría
pasar en el futuro ya que no sólo sus
niveles educativos son bajos sino que, generalmente, cuando la mujer, que
estuvo fuera del mercado de empleo por un tiempo, intenta reinsertarse las
posibilidades de lograrlo son mucho menores. Es decir, aunque este grupo
familiar hoy cuente con un jefe de hogar que posee empleo y obra social, el
sector social al que pertenecen y su escaso capital cultural y social acumulado
pueden convertirlos en un grupo de alta vulnerabilidad económica.
El
caso de Nora, como jefa de hogar, es
un claro ejemplo del paso de una zona a otra. Nora lleva 4 años buscando trabajo, y
sólo ha conseguido un empleo precario, marginal y de tiempo parcial, hace poco
tiempo: “… sí ya le
digo que hace tres meses conseguí acá en la droguería de Mercedes y yo le digo
son treinta centavos que a mi me pagan por cada viaje que hago a cada farmacia
llevando remedios…”,
además,
que su expectativa de un trabajo más estable,
debido a su enfermedad, es prácticamente inexistente “… no y otro trabajo, quizás que no le
hagan estudio que es servicio doméstico, o algún comercio lo puedo hacer, pero
hasta un cierto momento porque un momento que no puedo estar mucho parada, porque
me agarran muchos dolores de cintura y hay trabajos que no los puedo hacer.”
En
el caso de Nora el paso de la zona
de vulnerabilidad económica a la de exclusión económica que se refleja en su inestabilidad laboral y baja remuneración “…con el sueldo que yo puedo tener no
llego a los cien pesos, las cosas hay que pagarlas y hay que comer y hay que
vestirse y yo al nene lo tengo que mandar a la escuela…”
ha
significado también el paso a la exclusión social, Nora no sólo pierde su
empleo, sino, además pierde beneficios sociales y ve caer dramáticamente la calidad de los servicios a
los que tenía acceso. “…teníamos una mutual, teníamos varios beneficios, incluso yo tuve
la guarda de mis hermanos menores que yo, me pagaban el salario, tenía mutual
para ellos y tenía a mí mamá a cargo que tenía la mutual para ella … el cambio
se produjo cuando a mí me despiden porque yo sabía de que el nene, aparte de tener un retraso mental, tenía
problemas de cadera, tiene problemas en la vista, y o sea el miedo mío hasta la
actualidades como hacer para, como le puedo explicar, porque el necesita que lo
controle el oculista, cosa que no tengo mutual, necesita que lo controle el
doctor que no atiende acá, atiende en Río Cuarto, necesita que lo controle por
el tema de la cadera.” “…mientras yo estaba trabajando vivía,
no le voy a decir para un diez, pero mal que mal uno sabía que tenía su sueldo
seguro, tenía su mutual, al menos se podía decir que teníamos la comida segura
todos los días, en la cual ahora no puedo decir lo mismo…” Ahora “…no tenemos seguro, no tenemos mutual, no
tenemos aporte, nada, nada.”
La
situación de Nora muestra que cuando
se logra subir un escalón en la estructura económico-social, esto no significa
quedar en una zona de relativa estabilidad, sino de alta vulnerabilidad. Nora, actualmente, de ser jefa de hogar a pasado a depender para
su subsistencia de lo que aportan dos de sus hermanos, de 20 y 21 años, “…mis
hermanos están trabajando actualmente, cuando me tienen que ayudar me ayudan,
porque reconocen el tiempo que yo les di a ellos y bueno ahora me toca la mala
a mí y me tienen que ayudar ellos.”
¿Hasta
cuándo? El alargamiento progresivo de la
inestabilidad laboral de Nora, el
círculo reducido en el que se mueve y el escaso nivel educativo alcanzado la
convierten cada vez más en una excluida del sector laboral, situación que se
agrava por la inequidad de género, que incrementa las posibilidades de
permanecer en esta situación, sobre todo en el caso de las jefas de hogar. Lo
que se agrava por la falta de seguridad o protección en el ámbito de los
servicios sociales. (Bustelo-Minujin). Ambas situaciones muestran como el grupo
vulnerable está frente a lo que podríamos llamar un proceso de desigualdad
dinámica. Si tenemos en
cuenta la conceptualización que Rosanvallon y Fitoussi (1995) realizan de las
nuevas desigualdades dinámicas, referidas a diferencias dentro de categorías
que antes se consideraban homogéneas, podríamos situar, por el tipo de tareas
que Ana y Nora realizaban en sus empleos, de poca cualificación y rutinarias; y, por
su origen económico-social, a ambas
dentro de una misma categoría socio-laboral. Pero situaciones de vida
diferentes, frente al desempleo, generan desigualdades en términos de ingreso,
condiciones de vida y patrimonio. Y en estos dos casos particularmente la
desigualdad se agrava en función del género, al ser ambas mujeres, una de ellas
puede resolver su situación por estar casada, su marido la mantiene, y
permanecer en una zona de vulnerabilidad económica y social; y la otra,
que ha sido jefa de hogar, no sólo deja de serlo sino que, además, se
encuentra en una situación de exclusión económica y social .
Algunas reflexiones finales
En
nuestro país los nuevos procesos económicos, basados en la flexibilización del
mercado de trabajo, están generando la precarización de las relaciones
laborales y la exclusión del mercado de trabajo, y son pocos quienes mantienen
o mejoran su posición. Es decir, se quiebran algunas certezas estables que
ordenaban la vida cotidiana y las implicancias para quienes se encuentran en la
zona de vulnerabilidad significan una desorganización, una modificación en su
futuro previsto. Nora dice: “… mientras yo estaba trabajando vivía,
no le voy a decir para un diez, pero uno sabía que tenía un sueldo seguro, una
mutual al menos se podía decir que teníamos la comida segura todos los días, en
la cual ahora no puedo decir lo mismo, no puedo decir lo mismo porque donde
estoy trabajando ahora, por cada viaje que hago acá a la farmacia me pagan
treinta centavos, y no puedo decir que tengo la comida segura tanto para mí
como para mi familia.”
Cuando
esta situación persiste se cambia lo que era “un proyecto de vida” en algunas
“estrategias de supervivencia”. Nora dice:
“…
a mi me hubiera gustado seguir trabajando y bueno por menos uno siempre quiere
progresar en algo.”
Impactos
de variada naturaleza no sólo a nivel de los consumos que componen una canasta
básica familiar, sino también en lo que hace a capitales menos económicos y más
sociales: educación, salud, vivienda, etc., marcan un derrotero distinto en
aquel “proyecto de vida” que obliga a la modificación y reestructuración de la
cotidianidad de los involucrados. La exclusión social refiere a todas aquellas
condiciones que permiten, facilitan o promueven que ciertos miembros de la
sociedad sean apartados, rechazados o simplemente se les niegue la posibilidad
de acceder a los beneficios institucionales. La vulnerabilidad, la marginación y la
exclusión sólo pueden ser enfrentadas a través de opciones definidas por la
sociedad global la cual hasta este momento determina los espacios en que los
sujetos se desenvuelven. Estos casos muestran situaciones cada vez más
heterogéneas y complejas de pobreza y exclusión social debidas a las
condiciones del mercado trabajo y a la precarización en que se fundan las
relaciones laborales. La falta de satisfacción de necesidades no
sólo atenta contra la propia condición humana, sino que deja a los sujetos
solos frente a su destino. BIBLIOGRAFIA
BUSTELO,E. Y
MINUJIN,A.: “La política social esquiva.” Rev. Ciencias Sociales N° 6.
Universidad Nacional de Quilmes. Argirópolis.com.ar . COMAS
D’ARGEMIR,D.: “Trabajo, género, cultura.” Icaria. Barcelona. 1995. GALLART,M.A. Y
OTROS: “Las trabajadoras de villas: familia, educación y trabajo.” Cuaderno del
CENEP N° 46. Bs.As. 1992 GOLBERT,L.:
“En torno del problema más dramático de la Argentina de hoy.”
Argirópolis.com.ar LO VUOLO,R.,
BARBEITO,A., PAUTASSI,L., RODRIGUEZ,C.: “La pobreza…de la política contra la
pobreza.” Miño y Dávila. Madrid. 1999. ROSANVALLON,P. Y FOTOUSSI,J.P.: “La
nueva era de las desigualdades.” Manatial. Bs. As. 1997.
* Lic. en
Pedagogía y Diploma Superior en Ciencias Sociales. Docente e Investigadora de
la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Nacional de San Luis.
[1] Entendemos al
despido conflictivo como la situación por la cual un trabajador despedido
recurre a los mecanismos administrativos y jurídicos e inicia juicio al
empleador por no cobrar indemnización. [2] Determinamos al trabajador con despido conflictivo, que deseábamos entrevistar, como aquél que antes de producirse el despido gozó de estabilidad laboral no inferior a dos años y, que luego del despido estuvo desocupado no menos de seis meses. |
|